toda
esperanza,
cuando
la luz se apaga
y
sólo hay tinieblas
escucho
tu voz que me dice:
No
te rindas.
Cuando
el frío cala hondo
y
la noche se hace larga,
cuando
mis manos buscan
y
sólo el vacío hallan
escucho
tu voz que me dice:
No
te rindas.
Cuando
las puertas se cierran
al
grito que clama,
cuando
las lágrimas corren
a
sus anchas por mi cara
escucho
tu voz que me dice:
No
te rindas.
Cuando
la muerte parece
la
salida más clara,
cuando
las fuerzas que tuve
se
refugian en mi alma
escucho
tu voz que me dice:
No
te rindas.
Cuando
el aliento se agota
y
los demás abandonan,
cuando
nadie soporta
el
silencio que ronda
se
escucha mi voz que responde:
No
me rindo.
¡¡Muuyyy Bueeenooo Miguel!!!
ResponderEliminarYa me anoté como seguidor para leer el resto...
Me alegro que te guste Osvaldo,teniendo en cuenta lo mucho que me gusta lo que escribes, es todo un honor que sigas mis poemas, espero seguir sorprendiendote agradablemente!!!
ResponderEliminar